martes, 4 de enero de 2011

Yo estoy viendo uno de esos instantes fugaces que quiero que sean para siempre. Uno de esos momentos que sabes de sobra que marcaran tu vida. Uno de esos instantes que se concentran en una palabra, en una mirada, en un gesto, en una sonrisa, o en un simple beso, aquel de despedida que esperas con tanta ilusión. Sí, aquel beso que llevas esperando toda la noche, cuando todos se van y os quedais él y tú en aquel portal y sin decir ni una palabra, os besais, y le miras, y le dices que le quieres, entonces escuchas ese “y yo” seguido que sale torpemente de sus labios, ese “y yo” que no pensabas que te llanaria tanto, ese “y yo” que te dibuja una sonrisa de idiota en la cara y hace que tu reacción sea besarle, y luego él te abraza fuerte, muy fuerte, elevandote unos centimetros del suelo, pero ese instante termina, y tú te quedas allí, simplemente allí, con las llaves en la mano, y mirando hacia donde él esta. Lo ves caminando con sus andares tan únicos que lo hace diferenciarse de los demás, ves como se aleja y empiezas a echarle de menos. Entonces cuando el desaparece vuelves a casa con una sonrisa de oreja a oreja, deseando que mañana lo vuelvas a ver, vuelvas a saborear ese instante que si, que es fugaz, pero ese instante siempre quedara en tu recuerdo, como el instante suyo y tuyo, y de nadie más.

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