¡Pum! Corazón roto en 1642 trocitos, uno por cada beso que te di. Eso sin contar los besos de esquimal, los de mariposa, los lejanos, los que me traía el viento y los besos que me dabas con tan solo mirarme.
Y me siento idiota, muy idiota. Miro atrás y lo veo todo, veo las mañanas, las llamadas telefónicas, las tardes en la piscina y las noches en mi casa o en el parque, ¡qué más daba!, con estar juntos bastaba. O eso creía yo. Al parecer no bastaba.
Y también me siento imbécil, muy imbécil. Me lo decían, me lo repetían una y otra vez pero yo prefería no escuchar, aunque, creo que en el fondo, yo también lo sabía.
¡Ah! Y tonta, que no se me olvide sentirme tonta. Por haberte seguido el juego día tras día por haberte besado y porque me gustaba. Me gustaba mucho besarte, mirarte, sonreirte y que me devolvieras las sonrisas, las miradas y los besos. Los abrazos, las palabras bonitas susurradas al oído y las caricias. Creo que incluso las echaré de menos, por eso me siento tan tonta.
Y por supuesto, ingenua. Me siento muy ingenua por pensar que no volverás.
¿Por qué? Porque tú, si mañana volverás a llamarme como si nada hubiera pasado.
Pero hay algo que no sabes, probablemente nunca vuelvas a saber de mí.
Y me siento idiota, muy idiota. Miro atrás y lo veo todo, veo las mañanas, las llamadas telefónicas, las tardes en la piscina y las noches en mi casa o en el parque, ¡qué más daba!, con estar juntos bastaba. O eso creía yo. Al parecer no bastaba.
Y también me siento imbécil, muy imbécil. Me lo decían, me lo repetían una y otra vez pero yo prefería no escuchar, aunque, creo que en el fondo, yo también lo sabía.
¡Ah! Y tonta, que no se me olvide sentirme tonta. Por haberte seguido el juego día tras día por haberte besado y porque me gustaba. Me gustaba mucho besarte, mirarte, sonreirte y que me devolvieras las sonrisas, las miradas y los besos. Los abrazos, las palabras bonitas susurradas al oído y las caricias. Creo que incluso las echaré de menos, por eso me siento tan tonta.
Y por supuesto, ingenua. Me siento muy ingenua por pensar que no volverás.
¿Por qué? Porque tú, si mañana volverás a llamarme como si nada hubiera pasado.
Pero hay algo que no sabes, probablemente nunca vuelvas a saber de mí.
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